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Tercer domingo de comuniones.

 

Con mucha alegría, el domingo día 12 de junio, domingo de Pentecostés, se celebró el tercer turno y último de comuniones en nuestra parroquia, y esta vez, fueron quince los niños y niñas de nuestro pueblo que recibieron a Jesús por primera vez en sus corazones.

En Pentecostés los sacerdotes se revisten de rojo, y el ornamento tiene una llama, la llama del Espíritu Santo, que baja sobre todos nosotros para hacernos capaces de ir al encuentro del Señor y anunciarlo como Rey de nuestros corazones. Además, con esta fiesta, termina también el tiempo pascual, tiempo de especial alegría y festividad al celebrar la Resurrección y Ascensión de nuestro Señor a los cielos.

En la homilía, nuestro Sacerdote, recordaba cuando él mismo hizo su primera comunión, y lo recordaba como un día grande, un día feliz, porque por primera vez iba a recibir a Jesús. También nos decía con cariño, que fueron sus padres los que lo llevaron a la pila bautismal para hacerlo católico. Y les explicaba que lo hicieron del mismo modo que le dieron de comer, que lo lavaban, que lo cambiaban, y por eso, al igual que a ellos, los padres, muy acertadamente, piensan que dar a Dios es algo muy importante, y de este modo, bautizan a sus hijos.

Pero hoy les tocaba a ellos renovar su propia fe recibiendo en su corazón a Jesús, con alegría, participando en el misterio tan grande de Dios, que se hizo hombre para acompañarnos y para seguir con nosotros siempre.

Ya casi al finalizar la celebración, los niños dieron las gracias a la Santísima Virgen por todo el bien que hace en nuestras vidas y, todos juntos, cantamos cumpleaños feliz a los niños de la comunión que cumplieron años en los últimos meses. Posteriormente, D. Nuno, felicitó a las familias, a las catequistas, y al coro infantil, especialmente a Jordi y a Maribel que, gracias a ellos, han cantado muy bien estas tres semanas para los niños. 

Terminaban así las comuniones de este año, entre sonrisas y aplausos, dando gracias al Señor por haber ayudado a nuestro párroco, a nuestro querido D. Nuno, un sacerdote que, una vez más, de una manera humilde y discreta ha sido capaz de realizar una labor difícil, una labor extraordinaria, una labor que sin lugar a dudas, estos chiquillos no olvidarán nunca.

 

 

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