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Por la mañana se dispusieron tanto algunos bancos de nuestra parroquia como sillas, para que los fieles pudieran estar cómodamente sentados y celebrar así la Festividad en honor a María, Madre de Jesús y Madre nuestra. También se dispusieron fuera de la Iglesia y a la derecha, a la Virgen de Fátima, bellísima, como todas sus imágenes, cualesquiera que sean las advocaciones en las que se manifiesta, y en frente de la puerta de la Iglesia, el Palio con su correspondiente Altar.

 

Pero, a medida que transcurría la tarde, algunas nubes aparecieron por el cielo hasta que sucedió lo que no queríamos que sucediera: empezó a llover. Primero, poco, y después algo más. Fue una lluvia intermitente e intentando que fuera una lluvia pasajera, se retiraron en algunas ocasiones tanto la Virgen como el Altar con el correspondiente Palio. Sin embargo, la realidad mandaba y al final se decidió con muy buen criterio por nuestro Párroco D. Nuno, que la Gran Velada Mariana para concluir el Mes de María se celebraría dentro de la Iglesia de San Bartolomé.

Menos mal que así se decidió a ultimísima hora, porque a las 9:30 de la noche, cuando los fieles se dirigían a la Iglesia, volvió a llover. No obstante, tanto si lo hubiéramos celebrado fuera de la Iglesia como al tener que celebrarlo dentro, fue una experiencia maravillosa, sintiéndonos todos como una gran familia, la familia de Dios y presidiéndola con humildad y sencillez, Nuestra Tierna Madre Amantísima.

Se empezó la celebración con el rezo del Santo Rosario. Siempre que se ha aparecido Nuestra Madre del Cielo, ha rogado encarecidamente el rezo del Rosario tanto para nuestra conversión como para la de todos los hombres. Seguidamente, se alabó cantando a la Virgen María y a continuación, como por María se llega a Jesús, Nuestro Señor, se hizo la Exposición del Santísimo Sacramento en el Altar, con gran solemnidad y devoción y con los miembros de la Cofradía del Santísimo Sacramento presentes. Ese fue uno de los momentos más emocionantes de la velada: allí estaba Jesús, presente, en todo su esplendor, magnífico y majestuoso; muchos de nosotros nos quedamos transportados, con una fuerza que sólo nos guiaba hacia Él.

Para terminar esta celebración tan entrañable, se procesionó con la Virgen de Fátima alrededor de la Iglesia, con la Cofradía del Santísimo y los tres pastorcillos a los que se les apareció la Virgen, muy bien representados por Julia, Mónica y Diego.

Antes de la bendición, cantamos todos con mucha alegría por sentirnos Hijos de Dios y de nuestra Madre del Cielo, el Ave María de Fátima.


 

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